Cuando el amor no basta: cómo se construyen las dinámicas disfuncionales en pareja

Al inicio, todo parece sencillo y por su puesto, color de rosa, porque hay curiosidad, deseo y conexión. Las conversaciones fluyen, las diferencias se minimizan y la sensación es clara: “aquí hay algo especial”. Esta es la etapa del enamoramiento, donde en realidad no vemos al otro… lo imaginamos y nos gusta mucho esa idea.

Las etapas del amor: de la idealización a la realidad

Desde la perspectiva cognitiva, autores como Aaron Beck describen que las relaciones atraviesan diferentes momentos:

1. Idealización (enamoramiento)
En esta etapa, tendemos a resaltar lo positivo y filtrar lo negativo. Vemos a la pareja desde una narrativa esperanzadora: “es justo lo que siempre quise”. Aquí no es que no existan defectos, es que aún no tienen peso emocional.

2. Confrontación con la realidad
Con el tiempo, compartir más espacios, decisiones y vulnerabilidades permite ver al otro de forma más completa. Empiezan a aparecer pensamientos como:

En esta fase no solo conocemos al otro… también emergen nuestros propios sesgos, expectativas y heridas. Si quieres conocer más de esos sesgos te invito a leer este artículo: ¿Y si no fue lo que te dijo, sino lo que entediste?

3. Reorganización o desgaste
Aquí la relación puede tomar dos caminos:

Y es en este punto donde muchas parejas, sin darse cuenta, empiezan a entrar en dinámicas repetitivas que generan dolor.

¿Cómo empiezan las dinámicas disfuncionales?

No empiezan con grandes conflictos. Empiezan con pequeñas interpretaciones y micro-acciones.

Cada uno interpreta desde su historia emocional, porque lo hacemos desde nuestros esquemas, esas gafas que llevamos puestas, y sin darnos cuenta, permean cómo interpretamos cada experiencia.

Y sin notarlo, dejamos de reaccionar solo a la situación presente… y empezamos a reaccionar desde nuestras necesidades no resueltas y aquí es donde se activan nuestras formas de afrontamiento disfuncional.


La metáfora de las dos piernas: apego y autoafirmación

Para entender mejor estas dinámicas, podemos pensar la relación como un caminar con dos piernas:

Necesidad de apego

Es la necesidad de:

  • Sentirse amado
  • Validado
  • Seguro emocionalmente
  • Elegido por el otro

Necesidad de autoafirmación

Es la necesidad de:

  • Tener identidad propia
  • Ser autónomo
  • Expresarse libremente
  • Tomar decisiones propias

Cuando ambas están en equilibrio, la relación fluye. Pero cuando una domina sobre la otra… aparecen los problemas.

Cuando el equilibrio se rompe

Caso 1: Apego alto + baja autoafirmación

Personas que necesitan mucha cercanía y validación, pero les cuesta poner límites.

En la vida real se ve como:

La pareja puede empezar a sentir presión… y alejarse, confirmando el miedo inicial.

Caso 2: Alta autoafirmación + bajo apego

Personas que valoran su independencia, pero les cuesta conectar emocionalmente.

En la vida real se ve como:

La otra persona puede sentirse sola dentro de la relación.

Caso 3: Ambos en desbalance (la danza disfuncional)

Aquí aparecen los ciclos más comunes:

Y sin querer, ambos terminan reforzando la herida del otro.

Entonces… ¿el problema es la relación?

No necesariamente, muchas veces, el problema no es la falta de amor, sino la falta de consciencia sobre lo que cada uno trae a la relación. Porque amar no es solo sentir, también es revisar cómo interpretas, cómo reaccionas y desde dónde te vinculas, para tomar decisiones más conscientes por tí y por tu relación, aquí es donde realmente inicia el cambio de patrones.

Así que tal vez no se trata de preguntarte: ¿estoy con la persona correcta? Sino de reflexionar: ¿desde qué versión de mí estoy amando? y ¿qué decisión consciente quiero tomar para construir una relación más saludable?

Porque las dinámicas disfuncionales no aparecen de un día para otro, se construyen en lo cotidiano, en lo no dicho, en lo que interpretamos sin revisar. Y así como se construyen… también pueden transformarse y para eso también está la Terapia de pareja.

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