Del otro lado del diván: mi experiencia como paciente
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Se estaba llegando la hora; no recordaba exactamente hace cuanto tiempo no estaba de este lado del diván, por así decirlo, ya que personalmente, no uso diván, pero estaba nerviosa, era una cita virtual y no he sido de las personas que exponen su vulnerabilidad así no más. Así que sí, sentía taquicardia, me sentía indefensa y suspiré profundo, aquí iba con toda la intención de confrontarme y permitirme vivir nuevamente este rol de paciente. La sesión inició de manera natural, yo tenía una risa nerviosa, sentía que la voz se me quebraba y solo había dicho mi nombre, fue gracioso ahora que lo pienso y sonrío para mis adentros cuando lo recuerdo. No estoy muy segura qué fue lo que dije, pero creo que hubo algunos detalles que me guardé para mí, quería sentirme más segura y confiada, antes de rebelar la verdad de todos mis pensamientos. Y siendo compasiva conmigo, diré que estuvo bien, uno no va a contarle toda su intimidad a un extraño el primer día, solo porque es terapeuta, jaja. Y sí, admito que a veces espero eso de mis pacientes, estar en este rol me ayuda también a ser más consciente, empática y compasiva conmigo y especialmente, con los demás.

Descubrí con el pasar de las sesiones que me gustaba ese espacio más de lo que yo pensaba, poder expresarme sin recelo, menos cohibida y sin sentirme juzgada, eso es lo que más disfrutaba; a veces me costaba un poco, mis propios estándares y esa vocecita crítica solían decirme: “¿qué va a pensar tu terapeuta de ti como psicóloga?” Y por un tiempo combatir con esa idea fue difícil. Debo decir que esas vocecitas internas, son de lo peor.
Por circunstancias de la vida cambié de terapeuta, sentía que algo faltaba, algo que no lograba ver y empecé un nuevo proceso. Admito que no fue fácil, tener que volver a contar la historia, no fue chévere. Eso me recuerda cuando mis pacientes vienen de varios procesos y volver a contar lo mismo es agotador, ahora lo entiendo. Sin embargo, esta vez fue una primera versión con más verdades, con más permisos a mi propia vulnerabilidad y les cuento que ha sido un proceso doloroso, a veces lloro, a veces salgo feliz, algunos días quedo súper reflexiva y mi estado de ánimo no es igual por varios días; pero cuando miro en retrospectiva siento que cada día tengo más recursos y más herramientas para afrontar de forma diferente y sana las cosas que vivo y además, me da una perspectiva diferente de la terapia.
Estar del otro lado del diván, no es chévere, al principio; pero se los recomiendo